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Consejos para perder peso y llevar una vida saludable

Se sabe que las dietas milagrosas no existen, y que llevar una alimentación sin prohibiciones y un estilo de vida físicamente activo es el secreto para mejorar el patrón alimentario y mantenerse en peso.

La combinación perfecta. Comer sano y hacer alguna actividad deportiva

La clave, según los que saben, está en moderar las porciones y controlar la frecuencia de aquellos alimentos que no son tan saludables para el organismo, como también de aquellos que resultan más tentadores y que tal vez no ayuden a cumplir los objetivos de descenso de peso.

«La de los argentinos es una dieta básicamente integrada por harinas refinadas, que son las harinas blancas (pan, galletitas, productos de pastelería), la cual no es tan conveniente, ya que al producirse el proceso de refinamiento se le quitan al grano de cereal las capas más superficiales, que es donde están todos los nutrientes. Por eso es que decimos que hay que consumir harinas, pero preferentemente integrales para aprovechar mucho más la fibra y todos los nutrientes del grano». «Además, comemos exceso de carne y déficit de frutas y verduras: los argentinos consumen una porción y media al día cuando la recomendación de la OMS es de cinco porciones al día y preferentemente de diferentes colores, que es donde se encuentran los beneficios para la salud».

También, según los especialistas, «hay un exceso en el consumo de gaseosas y jugos altos en azúcar, lo que influye directamente en los altos índices de sobrepeso y obesidad, que alcanzan casi al 65% en el país».

 Los argentinos consumen una porción y media al día de frutas y verduras cuando la recomendación de la OMS es de cinco porciones diarias

Y tras asegurar que «en los niños lo que se observa es que no desayunan, consumen baja cantidad de lácteos, excesos de golosinas y azúcar», los especialistas destacan que: «Azúcar y sodio es lo que más consumimos (sodio, más del doble de lo que se debiera: casi 12 gramos al día cuando la recomendación es 5)».

Y observan: «Algo que tendemos a hacer mucho y que tiene que ver con el ritmo de vida que llevamos es que salteamos comidas y esto hace que cuando llegamos a la cena comamos porciones enormes y esto impacta directamente en el peso. Si hacemos varias comidas al día, tenemos al metabolismo trabajando y eso genera un gasto calórico y consumimos porciones más chicas; en cambio si hacemos una o dos comidas al día -y salteamos las principales- eso va a hacer que seguramente hagamos una comilona al día con exceso de grasas y azúcar».

En Nueva York en 2014 se prohibió la venta en restaurantes, cines y otros lugares, de envases de gaseosas de más de 500 cc, en lo que fue el comienzo de la más grande batalla a la obesidad. Una verdadera epidemia en el país nórdico, que también sufrimos en Argentina.

«Lo bueno y lo positivo» es que, si bien cambiar hábitos, y sobre todo alimenticios, que se relacionan con lo cultural y lo social, lleva un tiempo, «empieza a verse una cierta conciencia sobre el tema, la gente pregunta, se informa, de a poquito se anima a probar alimentos nuevos e incluir en su dieta ingredientes más convenientes». «La educación alimentaria nos hace tomar mejores decisiones», aseguró.

Es posible lograr mejorar nuestro estado físico sin pretender ser algo que nunca fuimos. Por ello la consulta con un médico clínico en primera instancia, que nos derive a una especialista en nutrición será la mejor acción que podamos llevar adelante cuando tomemos la decisión de estar más sanos y vivir mejor.

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