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Ni Una Menos cumple 5 años y esta vez la movida será virtual

El 3 de junio de 2015 se autoconvocaron en el Monumento a la Bandera más de 20 mil personas contra las violencias machistas, femicidios y travesticidios. 

Por Lorena Panzerini

El grito de Ni Una Menos que en 2015 marcó un punto de inflexión en la lucha contra la violencia machista, cumple cinco años este miércoles. El 3 de junio quedó en la historia tras el femicidio de Chiara Páez –la chica de 14 años asesinada en Rufino– que hizo estallar la bronca en todo el país. Un lustro después, la curva de la lucha feminista es ascendente y transversal. La movida, que en Rosario autoconvocó a más de 20 mil personas en el Monumento a la Bandera aquella tarde de otoño, se propagó más que un virus y alcanzó espacios impensados, con nuevas generaciones que esparcen glitter violeta y reclaman más derechos cada día. Cinco años después, Ni Una Menos muestra que «no es un eslogan ni una moda». Este año, la movida será virtual y con proyecciones. 

«Este miércoles, a las cinco de la tarde», repetían los posteos en formato de video, textos e imágenes, en los días previos al 3J. El femicidio de Chiara, en mayo de ese año, provocó una reacción colectiva y periodistas de Buenos Aires empezaron a preguntar qué hacer ante la sucesión de casos en el país. En Rosario, la gente se autoconvocó. El Monumento se llenó de familias, grupos de amigas, compañeras de trabajo, y sobre todo mucha pibada. No faltaban los pañuelos verdes, que la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito había instalado como bandera diez años antes. Fue un impulso para la marea que no deja de crecer. 

«Fue tanta emoción», rememoró Andrea Campos, referente barrial y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Majo Poncino, del Movimiento Evita y Ni Una Menos, destacó que fue «una movilización espontánea y masiva. Un acontecimiento que sacudió a la sociedad e impactó en el transcurrir de las militancias cotidianas». Viviana Della Siega, de la Campaña por el Aborto Legal, también estuvo en el Monumento en 2015, como en tantas luchas a lo largo de su vida, y aseguró que fue «un antes y un después». Silvia Augsburger, también integrante de la Campaña y diputada mandato cumplido, recordó: «Nos autoconvocó el asco y el rechazo de ese nuevo femicidio». Para Majo Geréz, de Mala Junta y NUM, el primer 3J «le puso nombre a muchas de las violencias históricas contra mujeres, lesbianas, travestis y trans; y permitió hablar de aborto y de la deuda de la democracia con personas gestantes». Para Eva Domínguez, de Familiares Atravesados por Femicidios, fue un grito de desahogo ante tantos casos.

Los relatos de aquella jornada todavía estremecen. «Estábamos juntas por una misma lucha. Veíamos tanta juventud. Desde entonces, cada vez somos más en las calles», aseguró Campos sobre lo que este año la cuarentena trasladará a las redes sociales. En ese sentido, destacó que en el aislamiento, la militancia es también «el trabajo enorme que hacen las compañeras de Ctep en los diferentes comedores».

Poncino destacó «la gigantesca voz colectiva que construyó una nueva fecha en el calendario de los derechos humanos. Los feminismos avanzamos a nivel mundial, construimos agendas colectivas, políticas, institucionales», dijo. Y sumó que «este 3 de junio hay una situación excepcional y movilizarnos no es la opción, pero sí visibilizar la fuerza organizada de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries. Somos la primera línea en este contexto. Adentro y afuera, se profundiza la desigualdad, la violencia de género y las tareas de cuidado», planteó. «No podemos aislar el femicidio, el transfemicidio y el travesticidio como hechos sin relación con las desigualdades en lo económico, social y político».

Della Siega recordó «ver banderas de gremios, con sus afiliados tocando bombos, y muchísima gente que llegó por sí misma. Suele darse que un hecho que no es muy diferente a otros denota una bisagra. Empezó con una convocatoria de periodistas de Buenos Aires y detonó en la manifestación que marcó que el femicidio no es un hecho privado, sino producto de una sociedad patriarcal». Y sumó que para lograr cambios culturales la clave está en la Educación Sexual Integral (ESI).

Lo que más impresionó a Augsburger aquella tarde, fue «similar a lo que sucedió con el debate por el matrimonio igualitario: ver a personas que por primera vez podían contar su propia historia y encontrarse con otras que vivían lo mismo». En ese sentido, planteó que «no tuvo vuelta atrás el reverdecer del movimiento con las generaciones de pibas». Para adelante, considera que «si bien hubo cambios, todo lo que se hace desde el Estado está lejos de ser suficiente para proteger a las víctimas. Seguimos reproduciendo desigualdad», dijo para apuntar también a la necesidad de la ley de paridad. 

Gerez recordó que en aquel momento «era fuerte lo que se hacía desde la Multisectorial de Mujeres. Veníamos de ganar la ordenanza por la Emergencia en Violencia de Género y esa lucha local generó visibilidad del movimiento y los reclamos. Con el 3J se habló también de la necesidad de autonomía económica, del trabajo de mujeres y disidencias sexuales. Fue un salto de ganar en masividad y visibilidad». Sobre esa tarde, recordó «un Monumento repleto e impactante». Después de esa movida rememoró que «Rosario fue sede del Encuentro Nacional de Mujeres de 2016 y vinieron los paros internacionales de mujeres». Para Gerez, el 3J generó que «el feminismo dejara de ser algo marginal; ahora lo discuten las familias en las mesas», destacó.

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