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Radiografía de Diego Haro, el árbitro que dirigirá el partido entre Bolivia y Argentina

Haro, durante un partido de la Copa Libertadores 2019 (JUAN MABROMATA / AFP)
Haro, durante un partido de la Copa Libertadores 2019 (JUAN MABROMATA / AFP) (JUAN MABROMATA/)

El peruano Diego Mirko Haro, de 37 años, comerciante, padre de dos hijos mellizos, divorciado, será el árbitro principal del duelo que animarán Bolivia y Argentina por la segunda fecha de las Eliminatorias Sudamericanas camino al Mundial de Qatar 2022. Estará asistido por sus compatriotas Jonny Bossio, Víctor Ráez y Michael Espinosa. En el VAR estarán Víctor Carrillo y Ángelo Hermosilla, éste último de Chile.

Se trata de un juez con solo un encuentro conducido por Eliminatorias en siete años y poca poca participación en la Copa América de Brasil 2019 (también un cotejo), a pesar de ser internacional desde 2013. En el ranking de su país aparece entre los tres primeros puestos. Participó de un Mundial Sub 20, sin suceso.

Como un hecho para recordar en su carrera, a 96 horas de la final de la Copa Libertadores pasada, la Confederación Sudamericana de Fútbol lo destituyó como encargado del VAR para el duelo entre River y Flamengo disputado el sábado 23 de noviembre de 2019 en el estadio Monumental de Lima. La Conmebol argumentó entonces que “no cumplió el protocolo establecido” por hacer declaraciones por distintos medios.

En declaraciones tendenciosas y con falta de madurez mediática se refirió a los jugadores del Millonario como “simuladores de faltas”. “Nosotros tenemos estudiado a River”, dijo en relación a las presuntas exageraciones por las que fue acusado el elenco de Núñez en la edición anterior del máximo certamen continental a nivel clubes.

Los antecedentes, su historial, el poco rodaje que la misma Comisión de Árbitros le ha dado a nivel internacional nos da la pauta de que no es mejor juez el elegido para este encuentro,

Ofrece un perfil de juez pragmático en lo físico, contemplador en lo disciplinario, con inseguridad en los momentos decisivos a la hora de hacer prevalecer la justicia deportiva. Además, ha evidenciado pérdida del control del juego cuando los jugadores lo confrontan con las protestas, haciéndole perder la credibilidad. A lo largo de su trayectoria acumuló lapsos de aciertos y errores, además de exhibirse oscilante en lo anímico.

Sus falencias podrán quedar maquilladas y sus virtudes resaltadas en el caso de que ambos equipos se concienticen en hacer prevalecer el juego antes que los roces, o ante un escenario con pocos conflictos en las áreas.

La falta de público local lo va favorecer en cuanto al control: las estadísticas nos indican que en los encuentros posteriores al parate por el COVID-19, las infracciones técnicas y disciplinarias han declinado en el mundo en un 40% y los jugadores, sin el fervor y el condimento extra que proponen los aficionados, salen con otro espíritu al campo de juego.

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