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“La sociedad subestima a las personas con discapacidad y no cree en nuestro potencial”

Florencia Cambareri discapacidad
Florencia Cambareri tiene 25 años

“La sociedad suele ver a la discapacidad como lo anormal, como lo que hay que corregir y siempre se encarga de hacértelo saber. Por el contrario, para mí, mi manera de caminar era ‘la normal’ porque claro, nunca supe ni voy a saber cómo es movilizarse como lo hacen las personas sin discapacidad. Vivía eso con tanta naturalidad que ingenuamente creía que no se notaba que caminaba distinto al resto. Hasta que un día, me vi de cuerpo entero en unos vidrios espejados y ahí recién me di cuenta de que mi andar pertenecía al de una persona con discapacidad. Lo sentí como una trompada, como el dedo de la sociedad señalando lo distinto, lo ‘anormal’, lo asqueroso y vergonzoso, lo que hay que corregir porque de otra manera no encaja. Ese fue un momento bisagra en mi vida”.

El texto es de Florencia Cambareri, una joven de 25 años que se define como “feminista”, “osada”, “luchadora” y “activista ‘disca’ diversa”. Ella tiene una discapacidad motriz que se llama parálisis cerebral. Hoy utiliza las redes sociales para transmitir en primera persona la verdad de vivir en este mundo con una discapacidad.

En febrero de 1995 la mamá de Florencia no la esperaba, de hecho, tenía fecha recién para abril. Nació con seis meses, lo que llevó a que tuviera distintas complicaciones al momento de nacer. “Tuve una hipoxia, que es una falta de oxígeno en el cerebro al nacer. Estuve dos meses en incubadora hasta que pudieron traerme a casa y a raíz de ello tengo una discapacidad que se llama parálisis cerebral. Pero nunca fue algo que me detuviera ni a mí ni a mi familia”, explicó a este medio Cambareri.

Florencia Cambareri discapacidad
A los ocho meses, Florencia comenzó con kinesiología

Cada 3 de diciembre se conmemora mundialmente el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, y la efeméride persigue el objetivo de la inclusión y la difusión para evitar que las barreras culturales sigan dejando de lado a las personas que tienen algún tipo de discapacidad.

Florencia no utiliza una silla de ruedas, pero si el camino tiene complejidades ser ayuda con un andador: “Empecé kinesiología cuando tenía ocho meses. No tenía el certificado de discapacidad porque no sabíamos que lo podíamos obtener. Eso llevó a que mi papá trabajara durante siete años los siete días de la semana para pagar los tratamientos de su bolsillo. Gracias a que un conocido le comentó que lo podíamos tener se pudo encauzar un poco mejor nuestra vida. A diferencia de un montón de personas, tuve la suerte de tener una escolarización tradicional debido a que tanto en el jardín como en el colegio siempre pusieron a disposición las modificaciones de los baños y las estructuras para que me sienta cómoda. Fui una privilegiada”.

El 2016 fue un año “clave” en la vida de la joven, se recibió de técnica en recursos humanos y comenzó con su búsqueda de trabajo: “Me encontré con un montón de barreras y prejuicios sociales. No hay trabajo para personas con discapacidad, es así. Vi vulnerado mis derechos de una manera impresionante a raíz de las situaciones que viví ante la imposibilidad de poder conseguir un trabajo. También hice un voluntariado en una organización que emplea a personas con discapacidad donde conocí otras realidades y cómo las personas con discapacidad tienen vulnerados sus derechos sin saberlo. Ahí fue cuando decidí que iba a estudiar Derecho, porque no tolero la injusticia, porque lo viví en carne propia, porque hay personas que no tienen herramientas para defenderse y otras que ni conocen que incluso tienen derechos”.

Según estadísticas del INDEC publicadas a fines de 2018, en Argentina hay más de 3 millones de personas con discapacidad y sólo el 32,2% de esta población en edad laboral logra acceder a un empleo. “Esto es muy grave y en mi opinión está relacionado a la romantización y el estigma que sufren las personas con una discapacidad. Se nos tiende a infantilizar, a vernos como seres especiales o angelitos y es momento de que se den cuenta de que hay que avanzar como sociedad y vernos primero como personas y después a la discapacidad. Por eso, ya se dejó atrás la terminología ‘persona discapacitada’ porque además de ser ofensiva hay que entender que antes de definirnos como discapacitados somos personas con derechos”, enfatizó Cambareri.

Las estadísticas alarmaron a la joven quien decidió seguir también la licenciatura en recursos humanos y destinar su tesina a un tema que la atraviesa directamente: inclusión laboral para las personas con parálisis cerebral.

Florencia Cambareri discapacidad

Lejos de ser una lucha que lleva internamente, la joven decidió abrir un perfil en Instagram llamado @repensar.la.discapacidad para poder transmitir cómo es vivir siendo una persona con discapacidad que se encuentra con un mundo al que constantemente se tiene que adaptar y no viceversa. Hoy cuenta con más de 15 mil seguidores: “En general la sociedad nos subestima, no cree en nuestro potencial. En definitiva, somos personas como cualquier otro, la gran falta de empatía tiene que ver con que más allá de que muchas discapacidades vienen de nacimiento, las personas no dimensionan que cualquiera puede adquirir una discapacidad en algún momento de su vida. La misma persona que hoy está tapando una rampa mañana la puede necesitar. Si la sociedad tomara conciencia todo sería más fácil”.

Animarse a compartir sus pensamientos no fue un fácil para Florencia: “Lo hablé mucho con mi psicóloga. Yo tenía esa necesidad de exteriorizar un montón de cuestiones de mitos y prejuicios con los que me topaba constantemente. Me alentó un montón a que lo escribiera y ahí me di cuenta de que yo tenía una necesidad de ‘vomitar’ verdades y justificar un montón de verdades e invitar a la sociedad a reflexionar sobre la discapacidad, sobre los distintos tabúes y las coyunturas que la atraviesan pero sinceramente no esperaba mucha repercusión. Hoy estoy muy contenta de todo lo que se generó”.

“Hay tantas barreras que eso genera en la otra persona que si las personas con discapacidad pueden realizar lo cotidiano como estudiar una carrera universitaria o conseguir un trabajo parezca algo extraordinario. Si la sociedad nos diera todos nuestros derechos la historia sería otra”, comentó la joven.

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